Cómo las terapias complementarias pueden acompañar los estados de estrés
Molestias que van y vienen, a veces imperceptibles: nervios, dolores de espalda, de cuello, contracturas, dolores de cabeza, presión sanguínea descontrolada, diabetes, palpitaciones, presión en el pecho y muchos otros síntomas pueden, luego de descartar problemas físicos, terminar conformando el cuadro de estrés.
En sí mismo el estrés no es, por definición, algo malo. Se trata simplemente de una preparación automática del organismo que pone en acción el mecanismo de huida, ataque o defensa. Cuando estamos frente a una señal de peligro las reacciones en nuestro cuerpo se desencadenan: descarga de adrenalina y otras hormonas, la respiración se acelera, también las pulsaciones y las ondas cerebrales, hay más tensión muscular, sube el azúcar en sangre y la presión arterial, se detiene la digestión y la función sexual ya que la sangre va hacia las piernas y los brazos preparando la lucha o la huida. Se dilatan las pupilas.
El estrés en el mundo moderno
Para el hombre primitivo, en su mundo esto era sencillo: ante el peligro se producía el alerta, lo que hoy llamamos estrés. Este hombre primitivo huye rápidamente hacia su refugio, su caverna. Allí, seguro y protegido, comienza la etapa de la relajación, los ritmos disminuyen y surge el sueño profundo que facilita el descanso y la reposición de energías consumidas. Sin embargo en nuestro mundo actual, esa señal de peligro es muchas veces difusa, vaga, casi imperceptible y rara vez podemos huir, atacar o defendernos.
Un futuro incierto, impredecible, inestabilidad económica, riesgo de desempleo, rumores de despidos, inseguridad en las ciudades… ¿cómo escapar?
La señal de peligro es difícil de identificar cuando es causada por el temor profundo al constante cambio de este mundo en crisis.
Generalmente las causas puntuales del estrés actual se desconocen y sus efectos no pueden descargarse con actividad física, por lo tanto el cuadro se perpetúa en el tiempo. No alcanzamos nunca el refugio de la caverna.
El desbalance hormonal sigue causando caos en el organismo. La adrenalina en constante descarga trae tensión, mal humor, irritabilidad, cambios en el apetito, el sueño y la sexualidad. Si este cuadro se prolonga en el tiempo las defensas se debilitan de tal modo que se genera un ambiente propicio para la aparición de enfermedades y la pérdida del equilibrio energético integral.
Sin olvidar ni dejar de lado los tratamientos médicos habituales y convencionales, con los avances en terapias complementarias, son cada vez más los profesionales de la salud en occidente que recomiendan a sus pacientes realizar actividades destinadas a combatir los signos del estrés: Yoga, meditaciones guiadas, terapias energéticas complementarias como Péndulo Hebreo, Biomagnetismo, Reiki o vibracionales como la terapia floral. Inclusive algunos profesionales recomiendan acompañar los tratamientos ortodoxos con herramientas holísticas, como en el caso de las infecciones virales y biomagnetismo. Son herramientas que toda la familia puede realizar y convertirlas, ¿por qué no?, en esa caverna que provee refugio, calor y seguridad: ese remanso que, luego de la agitada carrera huyendo de un enemigo invisible pero poderoso que genera desequilibrio y crisis emocional, nos cobija para devolvernos la calma, la paz y la claridad mental que dejamos en el camino.
